Ce Gamin là (Ese chico, ahí) - 1975

Renaud Victor y Fernand Deligny

La forma más precoz de la psicosis infantil fue descripta por Leo Kanner en 1942, con el nombre de autismo infantil precoz... Se pueden ver los signos iniciales desde los primeros años de vida... Los niñxs afectados por esta psicosis no presentan ninguna anomalía física.... Son indiferentes a las personas de su entorno, incluída su madre... El simple hecho de cambiar un objeto de lugar puede provocar en ellxs una crisis de angustia extrema... el lenguaje está ausente... elles presentan dos síntomas principales: un aislamiento extremo y una necesidad imperiosa de lo inmutable.

El problema fundamental es esa necesidad de lo siempre idéntico... el mínimo cambio en el agenciamiento del entorno o de la rutina de la existencia cotidiana provoca manifestaciones, a menudo violentas: se golpean, se muerden, se rascan, se meten los dedos en los ojos, se arrancan los cabellos... Todas las funciones más importantes pueden verse perturbadas... Debemos suponer que estos niños llegaron al mundo con una incapacidad innata para establecer una relación con el otro. Así como otros niños vienen al mundo con discapacidades físicas o intelectuales innatas... Sus capacidades auditivas e intelectuales son prácticamente normales.

Eso es lo que dice la psiquiatría sobre esos niños allí, que son numerosos... y de este en particular, por no decir en persona. Yo, profesor y médico XX del hospital, certifico que el niño XX, nacido el 24 de agosto de 19XX, permaneció en observación en la Clínica Neuropsiquiátrica Infantil. Se trata de un caso grave de encefalopatía profunda que presenta rasgos psicóticos evidentes. Teniendo en cuenta su agitación y distracción, su coeficiente intelectual es prácticamente imposible de evaluar. (A los padres se les dijo una palabra: "Incurable"). Eso es todo lo que puede decir el psiquiatra, quien se esfuerza por decir, con la mayor verdad posible, lo que ve y lo que sabe.

Tenía entonces 12 años, en 1967. Invivible, es verdad. Por los destrozos, por los vecinos, por todo lo que uno puede decirse... Nada que hacer. Lo dijeron claramente: "Incurable", "Insoportable", "Invivible". Invivible. Entonces, la sociedad lo tiene todo previsto. Incluso lugares donde invivir está previsto. Y resulta que ese lugar previsto para eso yo lo conozco. Las paredes son paredes, los tejados son tejados, árboles hay... y las ventanas no son del todo auténticas ventanas. Las ventanas no se abren. No hay bisagras. Hierro incrustado en madera. La reja no se ve... Entonces, ¿qué será de los ojos de ese niño, entre cientos de otros? ¿Qué será de los ojos de un niñx que no tiene nada que ver? Excepto el tiempo que pasa. Y eso, el tiempo, no se puede ver.

Este niño aquí está afectado por un autismo infantil precoz. Por eso "su aislamiento es extremo", afirma la psiquiatría. Y lo que dice es verdad, el síntoma es flagrante. Y puesto que lo inmutable es lo que necesita, lo tendrá tanto como quiera: lo inmóvil, lo reiterado y lo siempre igual. Esta foto fue tomada aquí. Lejos de esos lugares previstos... Muy lejos, en el polo opuesto. Es en el polo opuesto donde nos encontramos. Y acabábamos de llegar con ese chico a la clave de nuestras existencias. Lo que tiene en la mano, lo que contempla, es una pequeña bola de arcilla atada a un trozo de cuerda. Uno de nosotros debió amasarla con sus manos y atarla allí, a una rama. Y la jugada estaba hecha. Él nos lo iba a hacer ver: que tal vez la Tierra no giraba en el sentido correcto.

Balsas en las montañas "Se trata de encontrar un camino, por eso hacemos mapas, incansablemente, durante los siete años que persiste esta tentativa... No se trata de ir hacia ellos, de ocuparse de ellos, de dirigirse a ellos. Esa no es nuestra andadura... Nuestra lengua es un obstáculo para estos niños que no tienen uso del lenguaje...".

Hablar, como si fuera lo más natural... cuando nosotros hemos hecho todo lo posible para prescindir del lenguaje, de ese dichoso lenguaje que nos hace lo que somos... Y ahora, hay que rendirle cuentas. Mutista, ese chico de ahí. Entonces, ¿de qué fiarse cuando falta el lenguaje? Nos hemos puesto a trazar. Ese chico, que no es hablante, traza durante meses. Su mano ha trazado círculos y nada más. Nosotros nos hemos puesto a trazar, nuestras manos seguían la traza de lo que nuestros ojos veían. Lo que nuestra mirada era capaz de ver, de captar.

Y estos son los trayectos de este chico durante un día de septiembre de 1967. Él gira. Gira sobre sí mismo, con las manos detrás de la espalda, una mano sujetando la otra. O bien corriendo, como si alguien estuviera en el centro de su carrusel sujetándolo al extremo de una cuerda. Se dice que un chico "va por mal camino". Él giraba sin cesar sobre sí mismo. Pero, si ese famoso "Sí mismo" está, en realidad, ausente, vacante, ese niño gira alrededor de nada, sobre nada, perdidamente. ¿Estaría buscando a ese sí mismo? Nosotros no hemos seguido esa pista. Ese chico giraba ni bien ni mal, más allá del bien y del mal, que son asuntos del habla.

Jamás ni la sombra de una sonrisa en su rostro, me lo dijo su madre. Jamás tendió los brazos. Ni una sombra del otro, jamás. Lo que yo he dicho y machacado es que nos está buscando a Nosotros. Y nosotros ya estábamos ahí: cercanos, atentos, asombrados... seres pensantes, de carne, de sangre y de lenguaje por encima de todo. Pero ya que el lenguaje no alcanza, porque él no lo tiene, la diferencia es enorme. La distancia, infinita.

Invivible ese chico de ahí. Insoportable. Incurable. Y nosotros, a sus ojos, invisibles, inexistentes. Todos esos meses giraba, giraba... Por lo demás, ese niño no andaba. Corría, sin posar jamás el talón. Incansable. Infatigable. No es normal ser infatigable. El niño salvaje. Además, resulta que ladraba. Un ladrido ronco. Otros niños nos habían llegado, parecidos a éste, como para creer que la vacante del lenguaje los hace gemelos. Solo éramos unos pocos, en pequeñas unidades dispersas. Había que aguantar de día y de noche, a pesar de lo invivible. En las olas, en los montes erosionados, algunas balsas después del desastre. El lenguaje desapareció. Y nosotros, bien desamparados pero tenaces. Ellos acabarían percibiendo que estábamos ahí; cercanos... de carne, de sangre y de hueso. Y tal vez de otra cosa que no es lenguaje.

— Está asustado. Pero aun así, va solo en el trineo. — No es por la pendiente, no le teme a eso. Es el hecho de estar parado sobre algo inestable....

Todo lo que puedo decir es que no hemos en absoluto tratado de saber lo que ELLOS tenían. Nos pusimos en busca de lo que podía faltarnos para que ese nosotros sea, a sus ojos, inexistente. Inexistente, quizás no por completo. De lejos, incluso cuando el niño estaba cerca, ocurría que él distinguía vagamente algo que no tenía nada que ver ni con lo uno ni con lo otro.

1968. Hace un año que está con nosotros este chico de la pelota de arcilla, encefalópata profundo. Girar y ese balancear, diríase un movimiento de relojería. La rueda y el ancla. Flores negras aquí y allá en la línea de errancia, ahí es donde dejaba de correr. Ahí es como un grito y ahí es un murmurado. Pero no se trata en absoluto de lenguaje. Se trata de ese balancear con las manos a la espalda. Las flores nunca están totalmente inmóviles. Y ahí vibra hasta la médula: el AGUA. Manantial, río, estanque. Todos los puntos de agua localizados, vibrados. Nuestros trayectos están en blanco. El desierto... o casi. Casi hay un chorrito de línea de errancia que pasa ahí... a saber por qué ese retorno porfiado al antiguo lugar. Sucedía que uno lo acompañara hasta el agua. Él no se metía, él miraba. ¿Cómo hacer para hacernos agua a sus ojos?

Julio de 1969. Está siempre el movimiento de relojería inmutable. Girar en redondo y ese balancear. Pero la línea de errancia toma nuestros TRAYECTOS que quedan todos irrigados. ¿Significa ello que ese chico toma parte en nuestros PROYECTOS? Lo que él nos enseña es que los gestos que hacemos son algo. De inútil que era, helo aquí convertido en una extraordinaria máquina para todo. Decididamente, sin el lenguaje, no hay fin. Y nosotros al lenguaje le importamos un comino. Ni más ni menos que a ese chico.

Uno de nosotros se fue a vivir a un barranco, Robinson en su isla de abajo provisto de algunos Viernes nada ordinarios: invivibles, insoportables, incurables. Una pequeña corriente de agua, un refugio. Las cuatro paredes sin techo de un corral abandonado. Sin techo. Sin ti (toi) ni mi. Y la línea de errancia va allí... y de allí vuelve. Y ahí está, en esta casa donde estamos. Agua en la casa no hay. Es ese chico quien la trae. Nos causa esta impresión de que Nos la trae, al agua. Incansablemente. Había como un entusiasmo en el esfuerzo. Los días eran parecidos y salpicados de estallidos de alegría. La Alegría estalla. Caían fragmentos por todas partes entre nosotros.

— Si la has puesto en blanco es porque hay algo que se localizará... los trayectos de los chicos nunca se cruzarían. — No, no lo creo.

La isla de abajo - verano de 1969. En líneas blancas, las rutas habituales de este "nos-otros". Los objetos que percibe el niño están trazados con tinta negra (tinta china). Los puntitos estrellados marcan lo que le atrae. “NOSOTROS” no estamos representados en persona. Sobre estas piedras se posan con antelación las cosas que van a suceder. Y en el momento en que se las posa, también se pasa por la piedra golpeando un toque con el garrote.

A fuerza de trazar líneas de errancia lograríamos ver un poco lo que no nos concierne. Lo que a nuestra mirada, cegada por el habla, le cuesta ver. Creció en él como un cuerpo trazado en gris. El girar en redondo desapareció, reabsorbido en el hacer... Todo este gris son nuestros propios hábitos, nuestros proyectos y nuestro trajín. La línea de errancia se envuelve allí. Por aquí y por allá, las pequeñas flores negras del “para nada” persisten. Algunos de nosotros las extirpábamos suavemente como semillas de síntoma. Y ya casi no hay, en este trazado de aquí.

Ese chico de la bola de arcilla, a tal punto movilizado, domesticado... ¿Quién sabe qué palabra hace falta para pensar cuando todo va tan bien? Y fue necesario trazar mapas. Las flores negras desaparecieron, ya no nos importaban, ese chico era uno de nosotros. Todo lo que NOS impide ver lo que no NOS concierne es lo que escapa al lenguaje del que somos esclavos. Tenemos buenas razones para no ver, lo cual no es excusa para apodar de 'incurable' a ese chico de ahí.

El lenguaje siempre falta... El puente sigue roto. Hemos pasado por el vado. ¿Qué es lo que falta? Algunas piedras... esta piedra de ahí, inscripta, transcripta. Digo que es una cosa solera de ese cuerpo común. No se trata del uno y el otro. Se trata de una especie de "nosotros" que nada tiene que ver con la conjugación de las personas allí presentes. Así nació esta piedra para permitir iniciativas... como al golpear una piedra a veces saltan chispas.

Por la presencia de niños que no tienen historia, nosotros a esa historia la recomenzamos sin cesar... Desde cero. Érase una vez unos hombres y unas piedras. Se quedaban de buen grado cerca de las fuentes de agua y no sabían por qué. Ese chico de ahí toma iniciativas... fascinado, atraído por las cosas por hacer. Una piedra de nosotros en la línea de errancia. Iniciativa. Comienza con la misma letra que incurable y está en el otro polo. El nacimiento de alguien. Lanza el dado y ya se ha ido para hacer, pero en un mundo en el que reina el lenguaje jamás tendrá la libertad. Queda por saber si la tenemos nosotros, los seres del verbo. Y vaya uno a saber qué entiende... voces que hablan del tiempo en el que el ser humano no era ni uno ni el otro discriminados por el lenguaje. Él escucha... el ruido que viene de lo más profundo del agua. Que no es una cosa, puesto que él no es alguien.